ENSAYando

09-07-08

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ADVERTENCIA. Se sugiere la discreción en el uso de este material. El contenido en algunos casos, es únicamente mi opinión  -y no pretendo haber descubierto el hilo negro. Si se está haciendo alguna tarea o investigación, creo existen medios más confiables, utilícenlos.

El mundo de las mil voces. nuevo

 

 El diálogo del arte  febrero 2005

 La Música y la Pintura  abril 2005

 La Pintura y su lectura  junio 2005

 Formación y deformación  agosto 2005

Como no ser pintor y sufrir en el intento 0ctubre 2005

La historia del amante ingrato enero 2006

Vida y muerte  mayo 2006

EL Arte imperfecto julio 2006

El Papel del arte octubre 2006

Arte y Libertad enero 2007

El Gran imitador y el paisaje  mayo 2007

El Lugar incomodo julio 2007

Siendo serios septiembre 2007

El Capricho en el Arte  noviembre 2007

Animal de Costumbres  enero 2008

El Ser Abstracto   marzo 2008

Tener o no tener   mayo 2008

 

 

Arte y Libertad                                                                                               Inicio                       

Sueño, mito o realidad, la libertad ha sido la razón de grandes hazañas, logros y por supuesto obras. La necesidad de esta es tal, que inclusive a sido razón de guerras.

Parece ser intrínseca a la naturaleza humana pues el hombre no deja de buscarla, honrarla o pelearla. La libertad, condición tan apreciada por el hombre, es la esencia misma del Arte. El Arte sin libertad, no se explica ni se entiende. La libertad de expresarse es la razón misma por la que existe el arte y es el fin del mismo. La libertad en el Arte es principio y fin, Alfa y Omega; tal vez sea aventurado decirlo, pero el arte mismo pudo ser quién generó esta idea  del ser libre, en pensamiento y acción.

Aunque el Arte sin libertad no se entiende, este ha sido suprimido de eso mismo que lo define y explica en múltiples ocasiones y por muy diversos motivos. Dos momentos en la historia del Arte, han sido altamente significativos y de ellos hablaré brevemente para tratar de entender si el Arte tiene compromiso social.

El primero tuvo lugar en Alemania, en tiempos bajo el control del Partido Obrero Nacional Socialista. Iniciando en 1933 con la quema de libros "no gratos" al régimen, empezó una era de desprecio por todo lo que no invocara o exaltara la grandeza del "espíritu Alemán". El arte impulsado por el partido nazi, poseía un optimismo agresivo y una monumentalidad imponente, como la construcción  de una nueva capital, que reflejara la grandeza del Reich. Hombre y mujeres trabajando, campesinos, soldados, funcionarios del partido, etc. eran los temas seleccionados por el arte de "sangre y tierra" nazi. Toda expresión artística que fuera en contra, era considerado como "Arte degenerado", ningún arte fue excluida de tal absurdo. Artistas como Paul Klee fueron removidos de su trabajo y en 1933 se ordenó el cierre de la escuela de artes y oficios Bauhaus

En pintura, el naciente arte abstracto, contrario al espíritu Alemán era considerado "arte degenerado", por lo que se inició una agresiva campaña en contra a partir de 1937.

La pintura, música o literatura escrita por judíos, era despreciada y excluida y los mismos fueron perseguidos y condenados al exilio en el mejor de los casos. Los afortunados que pudieron huir del horror nazi, hicieron del arte su mejor defensa.

Algunos artistas que decidieron permanecer en Alemania y sujetarse a las exigencias del partido como Warner Peiner, Willi Sitte o Paul Mathias Padua,etc. ya fuera por convicción o supervivencia, han tenido que pagar un enorme precio: el estigma de haber servido al partido; marca que es más fuerte que la obra misma del artista.

El segundo momento, tiene cabida en la antigua Unión soviética, bajo el control del partido comunista y de Iósiv Stalin. Ahora no era la raza ni la religión que dictaba las reglas de la estética, sino la política. Se declaró como obligatorio el "realismo socialista" en 1932, cuado se ordenó la disolución de toda asociación independiente de artistas.  Todo trazo, nota, palabra, imagen que transpirara a burguesía, era "Satánizado"; al igual que en Alemania, imperaba ese optimismo de triunfo sobre los enemigos del pueblo.

Todo lo que pareciera enaltecer los hábitos, costumbres o el estilo de vida holgazán de la clase media naciente del capitalismo, era enemigo y atentaba contra el sistema comunista. Al igual que en la Alemania nazi, la inspiración de este realismo socialista, eran los campesinos, obreros o todo aquello que invocara el trabajo y esfuerzo colectivo. Artistas como Iliá Repin, Sergei Gerasimov o Vladimir Serov, siguieron los lineamientos del estado y florecieron bajo la protección del partido.

Durante el mandato de Stalin, cualquier artista que no cumpliera con los lineamientos del realismo social, era enemigo de estado y tratado como tal. Se dice que Shostakovich, tenía una maleta hecha, pues estaba convencido de que un día lo llevarían preso. 1

Un ejemplo reciente de la supresión de la libertad fue durante el régimen Talibán en Afganistán.. Los Talibanes adquirieron fuerza en 1996 y procedieron a establecer, su visión restrictiva del Islam: radical separación de sexos en público, prohibición a las mujeres de ocupar un puesto de trabajo, persecución de actividades consideradas ‘impías’ (salas de juego, consumo de bebidas) y modificación de la legislación penal para aplicar leyes más severas, entre otras. Durante su estancia en el poder, se destruyeron innumerables piezas de arte por considerarlas ajenas a su idea del Islam. Ejemplo, fue la destrucción de los dos gigantescos budas excavados en roca en el acantilado de Bamiyan, en marzo del 2001.

Estos ejemplos nos llevan a preguntarnos, ¿existe algún compromiso por parte del arte, que lleve a justificar este tipo de eventos? ¿Es justificable, sacrificar la libertad artística en aras del "bien social"? La respuesta es obvia y simple: NO. La libertad es cualidad y esencia en el arte, y no puede ser maniatada; el arte es libre y no tiene amos. Lo que si sucede, es que el artista puede tener convicciones políticas o sociales y puede en tal caso hacer uso de su arte para manifestarlas.

El arte por sí mismo, no está comprometido ni política ni socialmente hablando; son los artistas quienes tienen convicciones y los que toman las decisiones, y nadie más, excepto el artista, puede tomar tal decisión. Querer convertir el arte en herramienta ideológica, de convencimiento o educacional, es volverlo esclavo.

¿Debe el artista estar comprometido socialmente u otros intereses? La persona puede serlo, puede tomar las decisiones que desee en cuanto a ella le conciernan, pero si pensamos que por el hecho de ser artista debe forzosamente estar comprometido, estamos totalmente equivocados. Últimamente, por alguna razón -tal vez debido a la cantidad de problemas sociales y ambientales-, relacionamos el Arte con un compromiso social, cuando este no existe, solo existe en la mente de quien lo invoca.  

1.La Cheka, policía secreta soviética, fue utilizada por Stalin sin compasión. Durante 1934 y 1939 más de 3 millones de personas murieron ante pelotones de fusilamiento, por tortura o debido a las condiciones de las prisiones o campos de trabajo. 

 

El gran imitador y la pintura de paisaje                                                               Inicio

El hombre es un imitador sin remedio. Probablemente las grandes obras del ingenio humano tienen su real origen en la naturaleza. El arte no es la excepción, y la pintura fue tal vez la primera muestra de nuestra capacidad de imitar. La representación, es el impulso de la imitación y muestra de ello son las pinturas rupestres que invocan el mundo natural.

El porqué de esa necesidad primaria de representar el mundo natural, tiene muchas explicaciones basadas en la psicología de ritos religiosos, pero la verdad podría seguir siendo un misterio. Si en un principio fue el mundo espiritual lo que impulsó la representación del mundo natural, ¿qué necesidad impulso la pintura de paisaje ?

Al hombre le tomó muy poco tiempo alcanzar la destreza y el desarrollo técnico en las artes plásticas, el mejoramiento en materiales y soportes, como el óleo, el lienzo y el uso de la perspectiva en el renacimiento, hicieron al gran imitador; no había cosa que este, no pudiera representar, en especial el cuerpo humano. Este, se había transformado en casi una obsesión.

 Durante siglos, el paisaje había pasado inadvertido, solo era el escenario de las grandes obras, solo era utilería, pero en el siglo XVIII la humanidad volvería a pasar por una gran revolución. La revolución neolítica, la revolución urbana, todas llevaron a grandes cambios y la industrial no sería la excepción.  Un mundo de metal que se abría paso sin clemencia y en este nuevo orden, de grandes ciudades, pobreza, guerra, enfermedades y máquinas, surge el Romanticismo y con ello la añoranza por los espacio abiertos, la naturaleza y la vida sencilla. El mundo natural ahora parecía tan distante y tan perfecto, porque, ¿acaso no hay cosa más perfecta, que aquello que no se puede tener?

El mundo natural de la pintura de paisaje, dejo de ser bello para ser perfecto, porque en un mundo de horrores, ¿quién querría el mundo real ? Cada detalle en el paisaje, estaba pensado para ser perfecto. No había lugar para la realidad.

La necesidad de idealizar el mundo natural como contrapeso a la industrialización, tuvo resonancia mundial, la pintura de paisaje tomó su lugar en la pintura. Inglaterra, el gran precursor de la revolución industrial, fue también el gran representante de la pintura de paisaje. 

Con la llegada del siglo XIX, la era de la ciencia y el positivismo, una nueva luz cayó sobre la pintura de paisaje, el Naturalismo. Sobrepasado el trauma de los grandes cambios, ya no existía la necesidad romántica de idealizar un mundo perdido y la luz de la razón recayó en la forma de representar el paisaje. El ojo analítico llegó a tal grado, que algunos artistas tenían conocimientos botánicos y del comportamiento de la luz. Este conocimiento científico, llevo a la pintura de paisaje a la cúspide del alarde técnico. Paralelamente, y no del todo uno ajeno al otro, se desarrollaba el Impresionismo, que hizo del paisaje su pretexto para retratar lo intangible y efímero: la luz. De la luz, pasamos al color y con ello los fauvistas, hicieron redundante lo "salvaje" de la naturaleza.

Hasta antes de este periodo, el paisaje era una expresión "menor" y carecía de interés. Ningún talento por poco que fuera, era desperdiciado en el paisaje, por ende la pintura de paisaje era poca. 

En los albores del siglo XX con la pintura cada vez más alejada de la representatividad fiel, la pintura de paisaje cae otra vez en un estupor de tarde de verano. El estupor no desapareció y el paisaje cayó en el olvido. Entramos al centro de la discusión, ¿cuál es la razón del estupor? Desde la jerarquía de géneros pictóricos establecida en el Renacimiento, ¿existe una subestimación por parte de los artistas? ¿Existe un estigma sobre la pintura de paisaje? ¿por qué la pintura de paisaje no parece tener un papel importante en la pintura del siglo XX y en el actual?

Pareciera que ningún artista "serio", se tomaría la molestia de desperdiciar sus habilidades en algo tan banal como el paisaje. Los paisajes son puros elementos decorativos y de posible alarde técnico, nada más. ¿Será en realidad que los paisajes carecen de contenido o será que el artista está preocupado porque el paisaje suele verse como "bonito y decorativo"?

 Algo hay de cierto en lo anterior. Los paisajes son totalmente accesibles, el código es simple y no hay necesidad de "pensar" mucho. Algo similar pasa con la música popular, es fácil y por lo tanto asimilable. Pero, ¿acaso esto determina la ausencia de contenido? ¿Algo simple, carece de profundidad? No voy a insultar la inteligencia de nadie con la respuesta.

Sí existe un temor real por parte del artista hacia la pintura de paisaje, pues es realmente complicado hacer un buen paisaje. El engaño del paisaje -como el de la música popular-, es que aunque fácil técnicamente -con los conocimientos del oficio-, es muy difícil no ser complaciente  con lo "bonito". El artista acaba dejando el paisaje de lado, para cederlo al principiante o al pintor de "fin de semana"

La buena pintura de paisaje, es que no es sobre el paisaje. No se trata ni de la luz, ni de los árboles, ni las montañas en el fondo o la pequeña figura que viene sobre el camino, es sobre algo más. En realidad, la buena pintura de paisaje es programática, solo es la perfecta excusa para hacer de lo complicado algo sencillo.

La buena pintura de paisaje, nos permite ver más allá de la destreza técnica. Más allá de la luz, de los árboles, las edificaciones,  las personas; el buen paisaje, en palabras de Björk (músico), es un "paisaje emocional" y poco tiene que ver con el correcto uso de la luz, la perspectiva o la representación realista.  Como en toda expresión artística la técnica no lo es todo, si al mirar solo nos quedamos con el desempeño técnico, estamos delante de un mal paisaje. Lograr los efectos ópticos y el buscar la complacencia de otros, no deben de ser los fines de la pintura de paisaje o de cualquier arte.

 Ëmile Zola, escritor y creador del naturalismo, encontró las mejores palabras que definen la buena pintura de paisaje: "Una obra de arte es un rincón de la creación visto a través de un temperamento"

Tal vez no hemos visto aún el fin de la pintura de paisaje, tal vez, solo espera dormida hasta que otro movimiento, escuela o filosofía, la despierte, para usarla como excusa. 

 

El lugar incomodo                                                                                             Inicio

Somos seres complejos y parte de esa complejidad queda expuesta en la Música, la Literatura, Pintura, Cine, etc., pero ¿cuál es el propósito de esto? ¿por qué del arte?

Ye he mencionado antes que el propósito del arte no es enseñar -ver Arte y libertad-, aunque resulta tentador utilizar un medio de amplia difusión para decirle a la gente lo que debe y no debe pensar. Encontrar respuestas, tampoco es ámbito del arte; existen otras áreas del quehacer humano que cumplen o intentan cubrir esa función, como la Filosofía o las religiones, o si se quiere ver desde un punto de vista menos profundo, la Ciencia. El Arte es muy ambiguo y por ello la razón de escribir, componer, esculpir, pintar, representar, no es ni debe ser el educar o el de buscar respuestas.

Todo tiene que tener un por qué, una razón de ser y pareciera que el arte no lo tiene, al menos no uno útil. Si no resuelve los grandes misterios, ni da respuestas, ni sirve para educar, ni hace la vida más fácil, es la más inútil de todas las actividades humanas. Sin embargo, si el ser humano lleva más de 10,000 años en ello, debe ser que después de todo si tiene un propósito.

Hubo un tiempo en que se alentaba y respetaba al que se dedicaba al quehacer artístico. El músico, pintor, escritor, era visto con respeto y admiración, no había Corte en el mundo que no tuviera sus artistas "oficiales". Era redituable el ser artista, sobre todo si lograbas el favor de un mecenas. Los padres si notaban aptitudes, inmediatamente ponían a sus hijos a disposición de algún maestro para aprender el oficio. Ahora, si es que se sigue viendo con respeto al artista, si esperas que esto no le suceda a uno de tus hijos. ¡Dios nos ampare, si así sucede!

El Arte ya no es redituable, al menos no te garantiza una vida sin penurias económicas. La Era de las Cortes y el gran despilfarro artístico se acabó. Ahora somos más prácticos, hay cosas más importantes que sentarnos a escuchar una Oda a algún dios. Si este es el caso, ¿por qué sigue habiendo quién haga Arte? ¿por qué el Arte no ha muerto? ¿acaso entonces, si cumple un propósito?

La vida aún en su aspecto más mundano tiene un orden. Si se tapa el drenaje de su casa, quién va a destaparlo ¿usted?, si hay un desperfecto con algún aparato eléctrico ¿usted puede solucionarlo? A cada cosa le corresponde una contraparte, si hay drenajes, hay quien los limpie, si hay aparatos eléctricos, existe quien los repare. Si en nuestro mundo social y cultural existe tal orden, también lo existe en el mundo del comportamiento humano.

El Arte no ha muerto porque alguien tiene que hacer el trabajo. Si no estamos precisamente alentándolos, si nos alegra que alguien más este haciendo el sucio trabajo del Arte.

El Hombre tiene una complejidad que va más allá de cualquier entendimiento, incomprensible como aguas profundas y turbias; ninguna creatura tiene esa cualidad que nos hace únicos: las emociones. Creamos en el concepto de alma o no, nadie puede negar esa cualidad que nos hace excepcionales, sepamos o no de donde vienen, existen, y si existen, todo tiene su contraparte " Si A, entonces B"  o digamos que, "a toda acción, corresponde una reacción".

El Arte es la reacción a esa compleja y única cualidad humana que son las emociones.

Aunque pareciera que hacemos lo posible por borrar el mundo natural y hacerlo artificial y simple, seguimos siendo orgánicos y complejos. Mientras sigamos siendo lo que somos, el Arte seguirá. Alguien tiene que hacerlo; evitar que las cloacas se tapen, inunden nuestras pulcras viviendas y todo se vuelva caos. El Arte manifiesta nuestra cualidad más humana y divina, y mantiene las cloacas limpias.

 Jared Leto ( actor-músico ) dijo, -parafraseando- "Es trabajo del artista cavar en lo incomodo...". El quehacer artístico es un trabajo sucio en un lugar incomodo. Esa es la obligación y sacrificio que el artista hace al cumplir con su trabajo. ¿Por qué se respetaba y se respeta -quiero creer- al artista?  Por eso mismo, por sacrificarse a sí mismo y elegir vivir en el lugar sucio, fétido e incomodo que son las emociones humanas. Probablemente el artista tampoco tiene mucha opción, pues como he dicho antes, es el Arte quien escoge al artista y no al revés. Sacrificio u obligación, antes al menos había la promesa de la recompensa, ahora, suena al sacrificio de un mártir.

El Arte permite recordarnos nuestra humanidad, nuestra singularidad y complejidad, por eso es que existe y es necesario el trabajo artístico.

El concepto de que el Arte debe ser la expresión de lo mejor del ser humano, se ha ido diluyendo, y aunque quisiéramos pensar que en algún tiempo así fue,  la realidad es que el Arte nunca ha sido así. El crisol de las emociones humanas, se refleja en la complejidad de la creatividad artística, el Arte no es bello, es honesto. Una de las características que hace a una obra de arte , es la honestidad, su capacidad de decir la verdad, la verdad sobre uno -o todos-  y toda su crudeza; Y aunque el arte sea un asunto muy personal, nos identificamos porque todos somos lo mismo -o deberé decir que estamos hechos de lo mismo-. El artista hace suyo lo universal, y lo suyo, lo hace universal.

El artista debe vivir en el lugar incomodo de la verdad -como dice el refrán, "la verdad no peca, pero incomoda"- esa es su carga y responsabilidad.

Por lo que he dicho, pareciera que el artista viviera en un verdadero infierno y fuera un verdadero mártir. Tal vez no es el infierno y tampoco es un mártir, pero por alguna razón, la exposición de las emociones personales -que se vuelven universales- siempre resulta incomodo -de ahí, la verdad del refrán- y hacer de eso un estilo de vida, bueno, para muchos resultaría masoquista.

Para los que no tienen un oficio en el mundo del Arte, les resultará revelador saber que el Arte sea tan necesario al hombre como el desasolve al drenaje. Sin el Arte, no tendríamos  espejo en que mirarnos y reconocer nuestra singularidad, nuestra universalidad y humanidad.

Tal vez la próxima vez que observe una pintura, escuche música, vea una película, vaya al teatro o lea un libro, descubra que como dijo Basquiat "Toda línea tiene un significado". Lo tiene, pero para usted; No para saber más del mundo, sino de usted mismo. Tal vez, esa vez, el Arte abstracto no le parezca tan absurdo, o tal sinfonía no le suene tan incoherente o extraña, y sienta al menos algo de simpatía por el artista que trabaja en la fétida atmósfera de ese lugar incomodo.  

 

Siendo Serios                                                                                                       Inicio

Vivimos tiempos extraños. Vivimos en la era del mínimo esfuerzo y el máximo bienestar.

 En este extraño mundo, existe un nuevo orden, el orden del mercado, la oferta y la demanda. Todo tiene la etiqueta de mercancía y por lo tanto tiene precio; y como en toda sociedad de mercado, es importante evaluar costos y esfuerzo.

Desafortunadamente, el Arte no ha quedado fuera de este fenómeno. El Arte ha perdido esencia pues al igual que todo depende de lo que se vende y no.  El Arte se enfrenta a un nuevo tipo de esclavitud, pues ahora sirve al mercado. El artista esclaviza su arte en favor de un nuevo amo y por supuesto pierde honestidad y se transforma en lo que dicte este. Esta nueva forma de sujeción de la libertad, tal vez sea la más difícil forma de esclavitud a la que el arte ha tenido que enfrentar y la más difícil de romper.

El artista antes que artista, es humano y tiene necesidades igual de mundanas que el resto. Hay que comer; y en un mundo cada vez más exigente y demandante, el artista siente la necesidad de sacrificar su trabajo para no ser arroyado por el sistema. Al hacerlo, el artista puede encontrar fácil justificación diciendo, "Total, no hay que tomárselo en serio, nadie ha muerto por ello hasta ahora ". El asunto se agrava cuando el espectador toma la misma postura, "no hay que tomarlo en serio, es solo una pintura en la pared".  Lo terrible del asunto es si el artista ya no está dispuesto a tomárselo en serio, ¿quién lo hará?

Hace algún tiempo salió en televisión, un comercial de un refresco dietético que me causó gran impresión y desilusión. Una escena del mismo muestra a una chica en una galería o museo, pasa frente a una pintura casi sin detenerse, mientras una voz en off decía algo como " otra pintura negra". Al final del comercial, después de otras cosas, se decía un mensaje como "tómatela leve". Es triste pero el mensaje es claro: no te compliques. Si algo requiere esfuerzo de tu parte, no vale la pena. El Arte ya no es cosa seria.

 Si algo es complicado, y pide de ti esfuerzo, tiempo, reflexión, olvídalo; no te lo tomes tan en serio. Vende más lo que es fácil que aquello que requiere algún esfuerzo. Agravando el problema, hemos perdido la capacidad de reconocer lo autentico de lo falso como dice Erich Fromm; así que ¿Cómo reconocer que "la pintura negra" es obra de lo autentico y no de lo falso?. Pregunta de difícil respuesta, pues el Arte mismo ya es parte de esa actitud de mercado. Distinguir el arte honesto y el arte de mercado, es imposible. Si la corrupción se encuentra desde el origen, desde el proceso de creación, es mucho pedir al espectador que sepa reconocer la diferencia.

Tal vez la respuesta no está es ver lo autentico, sino hacerlo autentico. Si el espectador es recreador, entonces hace autentica la obra, la revalora -la obra adquiere derecho propio de existir-; pero si solo es espectador, entonces la obra solo será "una pintura más en la pared, otra pintura negra más".

El tema central es la seriedad con la que se toma el Arte. ¿Es el Arte un asunto serio, o es hora de renunciar e irnos todos a casa?. Como diría Ben Vautier, "El arte es inútil, vuelvan a sus casas" ( título de una pintura conceptual )

El Arte es un asunto tan serio y complejo, que es preferible ignorarlo, esa es la verdad. En las últimas de décadas, hemos vivido en una "gran mentira" -refiriéndome a la gran mentira en los términos que habla Fromm en "del tener al ser" - la mentira de la simplificación. El sistema ha generado la idea de que todo puede y debe ser simple en la búsqueda del bienestar. La tecnología ha simplificado mucho del quehacer humano y hemos pensado erróneamente que todo, debe ser igual.  Las emociones humanas son tan absurdas e incomprensibles que preferimos ignorarlas pues no van con el formato de lo simple.

En esta idea de lo simple, como ejemplo, es más fácil divorciarse que tratar de entender al otro ( eso explicaría el aumento casi exponencial de los mismos en el mundo ). Obviamente, no faltan excusas para tales acciones como la libertad, la cual también es ya parte de esa gran mentira de la que habla Fromm.

Si las emociones humanas son incomprensibles -son nóumeno-, entonces el arte es fenómeno de las mismas y  por lo mismo, suele ser igual de complejo e incomprensible; así que es más fácil evitarlo o ignorarlo; o peor aún, quitarle importancia y darle categoría de mercancía. Eso es lo que se ha hecho con el Arte, menospreciarlo, degradarlo a simple mercancía; el artista no tiene nada especial que decir, solo es un obrero más en la línea de producción; y sus obras, latas en un estante.

¿Dónde quedaron los tiempos en que las cosas que ameritaban esfuerzo eran las más valiosas?. Vivir bien y con el mínimo esfuerzo, ser el mejor sin el mínimo esfuerzo; esa es la idea de lo "leve" y no "complicarse", por ello, hemos hecho del Arte nóumeno y no fenómeno. Resulta incomprensible, un misterio. Si no se puede conocer algo, acaso ¿tiene razón o mérito alguno dedicarle tiempo o esfuerzo?  Y si te esfuerzas demasiado, puedes ser incluso catalogado como masoquista.

Una vida sin dolor, es la meta; poco realista, pero es la idea. Lo curioso, es que en realidad lo único que podemos hacer es engañarnos; vivimos "La gran mentira", vendemos la idea de una vida sin dolor -que es igual a cero complicaciones- a sabiendas de que es imposible. 

 El Arte nos recuerda eso mismo que tratamos de olvidar, que la vida es compleja, incomprensible y sin solución. En la vida no hay recetas ni pasos a seguir, estamos solos y eso nos asusta. El Arte autentico, es honestidad, es verdad, es la vida misma; evitamos toda confrontación, toda pregunta sin respuesta, toda inquietud, toda perturbación, toda incomodidad porque provoca dolor y el dolor -de cualquier tipo- no está de moda. Al final de cuentas, nos la "tomamos leve" con una soda.

Mi recomendación, antes de que empecemos a olvidar nuestra humanidad, es acercarse a la complejidad; valoremos la belleza que hay en ella. Somos seres complejos, fragmentos de mucho que forman un todo, no somos monocromáticos, ni de una sola pieza. Dejemos de buscar respuestas sencillas y comprar mentiras. La verdad, nunca es fácil de digerir, y en el Arte, está mucha de nuestra verdad; nuestra compleja, hermosa, perturbadora e inquietante verdad.

Nota. Al decir verdad, no me refiero a ella como verdad universal, sino más bien como lo real.

 

El Capricho en el Arte                                                                                   Inicio

En estos tiempos donde la búsqueda de la satisfacción es la primicia, no parece haber ni límites ni frenos. Como todo es instantáneo, inmediato y posible, también lo es la satisfacción. Queremos algo y lo queremos ahora; no mañana, ahora; y pareciera que no hay nada que lo impida.

El Arte siempre ha sido catalogado como un proceso puramente emocional y nada podría estar más fuera de la realidad. Toda actividad es un proceso intelectual, aún las actividades físicas como los deportes o las mecánicas, pasan por un proceso de entendimiento, y en el Arte igual.

Ser conciente de algo, es un estado de conocimiento, es un estado de alerta, y en  este estado, hay una concientización de las emociones. En el Arte -proceso creativo-, en una forma ideal, las emociones pasan por el filtro de la conciencia. El artista está al tanto de ellas y al hacerlas pasar por la conciencia, puede usarlas en favor de su arte. Este, se vuelve dueño de sus emociones.

En el estado conciente, el artista no solo reconoce las emociones, sino que las encausa apropiadamente. Si solo "sentimos", nuestras emociones pueden ser solo conductas "animales",  pues "sentir" es una reacción inmediata a un evento -puede ser físico o emocional, como tener frío, o golpear  por ser golpeado.

Entonces, si existe el estado de conciencia, también existe el estado opuesto. En este caso, lo llamaré capricho.

Erich Fromm en "Del tener al ser" se refiere al capricho como la respuesta al " y, ¿por qué no?", un deseo que surge espontáneamente y que exige se cumpla.

En el Arte también existe el capricho. El capricho es lo opuesto al acto conciente, es totalmente ignorante y puramente visceral. El acto por capricho no está muy alegado del acto animal, pues es un acto de inconciencia. Tenemos la idea errónea de que en el Arte poco se usa el raciocinio y mucho las vísceras, pero el Arte es un acto pensante altamente conciente. En el proceso creativo, se debe estar en total estado de conciencia, debe ser un acto de voluntad.

La motivación de crear puede ser originado por múltiples factores, emocionales o formales, como una nueva relación amorosa, un instante o un color, una línea, una forma. Miles de cosas nos inspiran a crear, pequeñas e insignificantes, como grandes y significativas,  pero en el acto de, debe de haber voluntad y conciencia. Cualquier motivación -llámese inspiración, si se desea- es válida, pero la complacencia sea propia o de otros -servir a intereses ajenos-, es la muerte en el Arte.

El Arte por capricho es respuesta inmediata y satisface a una necesidad absurda, como pasajera; carece de razón aún para el artista mismo. Si el  capricho responde a una necesidad que exige ser satisfecha, al cumplir tal demanda, la obra, resultado de tal, pierde razón de ser, pues la demanda ya fue satisfecha.

El proceso creativo, siempre deja un dejo de insatisfacción -véase el diálogo del Arte-, pues es un diálogo y no un monólogo. Como he mencionado antes, el proceso creativo es un estira y afloja perpetuo y nunca debe ser autocomplaciente; ese es el problema del capricho, que es puramente autocomplaciente, es discursivo, un monólogo ególatra, lleno de frases pretenciosas y narcisistas.

Reconocer si el proceso creativo es conciente y producto de la voluntad -no se entienda como voluntarioso-, o del capricho y lo inmediato, es obligación del artista, y es también su deber evitarlo.

El estado de conciencia, es el estado del "estar", estar donde debo y hacer lo que debo, perfecta conciencia del yo. Me reconozco y reconozco mis emociones.

El Arte es exigente y demandante. Obliga al compromiso -véase la historia del amante ingrato- y el artista debe responder. Para que su arte no sea hija de la complacencia, el artista debe responder con convicción, en estado de conciencia y voluntad. Si el artista "no está" en el momento del proceso creativo, puede tener la certeza de que lo que resulte de este, será un capricho.

Estamos acostumbrados a "no estar" y el proceso creativo es un momento serio en el que "estar" es importante. En esta Era del ajetreo, donde se tiene que estar en varios lugares al mismo tiempo, acabamos no estando en ningún lugar. Cuando estamos con la familia o amigos, "no estamos", cuando trabajamos "no estamos, cuando tenemos sexo, "no estamos", cuando creamos, "no estamos"; total, nunca estamos donde debemos, y el Arte -amante exigente e intolerante- nos hará sentir si no estamos donde se supone: con él. La obra misma gritará "soy capricho, ¿acaso no lo notas?", el artista podrá decidir si ignora tal reclamo, y si así lo hace, caerá en la autocomplacencia.

Al ser el capricho un acto voluntarioso, no deja nada pues no responde a nada (es casi como un acto reflejo, un impulso). Difícilmente el artista encontrará algo rescatable del proceso caprichoso al igual que el espectador (recreador). El Arte, sin conciencia, sin voluntad, es como el caparazón de algo que sabemos alguna vez estuvo vivo, pero ya no tiene sentido de ser.

No se confunda La inspiración o el eureka,  con el capricho. El capricho es acto, no idea. Un recién nacido es puro, sin falla, hasta que por la influencia paterna, el niño se transforma para bien o para mal.  Si el artista toma a la ligera ese instante, ese eureka,  y no lo desarrolla en conciencia y voluntad, se quedará en un ¿ y, por que no? y entonces en capricho.

 Una obra resultado del capricho, es como una oración que carece de sentido. El capricho ocasiona una mala conjugación y sintaxis, quitando todo sentido tanto para el artista como para el espectador (recreador).

 

Animal de Costumbres                                                                                         Inicio

El hombre es un animal de costumbres. Tenemos el hábito de las costumbres para darle estabilidad a nuestras vidas.

Costumbre, es un término que abarca desde un complejo ritual de iniciación, hasta el acto de tomar café en las mañanas. Son actos que marcan y dan inicio a un ciclo, se repiten y repiten, ya sea en lo colectivo o en lo individual. Estos actos en lo colectivo, dan sentido de permanencia, de colectividad y de unidad. Es fácil explicar su existencia en lo colectivo, pero en lo individual, es un poco más difícil. ¿Por qué nos aferramos a ciertas conductas repetitivas? ¿Por qué, camino al trabajo, siempre tomamos la misma ruta? ¿Por qué hacemos ciertas cosas de la misma forma una y otra vez ?

¿Nos hemos vuelto seres mecánicos, o siempre lo hemos sido? El límite de tiempo y las exigencias del mundo moderno, dejan poco espacio a la diversificación. El problema de la costumbre, es lo dañina que es a la creatividad; una mente que repite y repite las mismas acciones, actividades, se vuelve obtusa.

No nos damos cuenta, pero la mayoría del tiempo operamos en automático; Hacemos las cosas prácticamente sin "pensar", sin "estar". Este mal hábito, se ha apropiado de todas las actividades humanas, incluyendo, si, al Arte.

La actividad más creativa de todas, también ha sido contaminada por la costumbre. Ya antes mencioné las consecuencias del "no estar" en el proceso creativo -véase el capricho en el arte- pero, ¿qué lleva al artista a convertirse en animal de costumbres?

El acto de crear es un ritual que si no se tiene cuidado puede volverse un acto de costumbre. Imaginemos que de el punto A tenemos que llegar al punto B; frente a nosotros hay un camino con un señalamiento que dice "hacia B", seríamos tontos si no lo tomamos. El camino ya trazado, transitado muchas veces, impedirá que nos perdamos y lleguemos tarde. Vamos por un camino que es seguro y rápido, así que nos podemos relajar y sin darnos cuenta, ya estamos en B.

Si nuestro espíritu aventurero nos dice que tomemos otra ruta -desconocida por supuesto-, es posible que nos perdamos o lleguemos tarde, y sin duda el trayecto estará lleno de tensión, pues hay que estar atentos a todo lo que nos rodea.

Está en nuestra naturaleza trazar líneas rectas porque son el trazo más corto entre dos puntos. La eficiencia, es inherente a la naturaleza y podemos verlo aún en criaturas "simples" como las hormigas, que tienden a  encontrar el camino más corto entre la colonia y la comida y así el resto de la colonia lo usará. Los caminos conocidos son los más confiables, los caminos no trazados, están llenos de imprevistos.

Ser eficiente, no es propósito en el Arte, y tener esa idea puede ser nocivo y lo menos recomendable, pero suele pasar. Conocemos un estilo, un medio, un soporte y nos sentimos cómodos en él; ya sea que uno inició el camino o ya estaba trazado, lo tenemos tan dominado, que podemos hacer el trayecto con los ojos cerrados y nos ahorra tiempo y dolores de cabeza.

La razón de las costumbres es que dan la impresión de estabilidad, ya sea a la sociedad o a nuestras vidas. Lo reconozcamos o no, tenemos un miedo natural al cambio; nos asustan las nuevas situaciones. Atreverse a algo nuevo, siempre demanda física y emocionalmente; al saltar en paracaídas, sometemos al cuerpo a un sin número de alteraciones, y ni que decir de la mente; estamos preparados para lo imprevisto.

Pensemos en situaciones menos drásticas como cambiar de trabajo o de lugar de residencia o de profesión, todas son situaciones de cambio que nos ponen en estado de alerta. La estabilidad nos da una sensación de bienestar, nada se mueve debajo de nuestros pies. Aunque nos sentimos cómodos en esa sensación, recordemos que el Arte es una actividad de incomodidad  permanente.

Trabajar sobre la misma temática, en el mismo estilo en el que he trabajado -quién sabe cuanto tiempo- solo por costumbre, es también una forma de autocomplacencia, y ésta es la muerte en el Arte.

El miedo a la incertidumbre, al no saber lo que se depara enfrente, no debe ser el motivo que nos paralice, debe ser fuerza vivificadora -tensión- a la hora de crear.

Los Chinos tienen un dicho, "Que vivas tiempos interesantes" y eso tiene aún más significado en el Arte. Otra forma de decirlo,  es "el cambio es bueno, disfrútalo; que la quietud no se apropie de tu vida".

Existe otro motivo para ser repetitivo en el Arte, no es el medio al cambio, sino a la complacencia de otros intereses. Esto, normalmente sucede cuando el artista ha alcanzado cierto reconocimiento y prestigio. Muchos compradores de Arte no compran la obra -entiéndase la visión o la idea- sino el nombre. La obra no interesa, sino el quién la hizo. En este tipo de compradores, está el que quiere comprar un "  " (póngase el nombre del artista que desee); es decir, una obra que sea identificable al artista. Más allá de la firma, es el estilo, el que identifica a la obra. Pensemos en algunos casos obvios como los girasoles y Van Gogh, o Picasso y el cubismo; el estilo y a veces la temática, define al artista; eso es lo que buscan este tipo de compradores, una obra iconográfica al artista.

Esta mentalidad en el mercado, ha hecho que muchos artistas se empantanen en un mismo estilo ó temática, porque eso es lo que se vende. En cierto modo, es el mismo miedo lo que impide el cambio; el miedo a dejar de ser atractivo al mercado y a ver mermados sus ingresos. Romper con los hábitos nocivos, no es fácil, muchos de ellos pueden requerir hasta terapia, aunque no es el caso en el Arte -creo-.

El cambio es inherente a todas las cosas; aunque no nos percatemos de ello, el cambio es constante. Hoy, no somos lo mismo que éramos ayer; lo que leemos, hacemos, vemos, tocamos, es nueva información que nos deforma. Si todo el tiempo cambiamos, entonces nuestras acciones y pensamientos también deben cambiar. No puedo pintar, escribir, componer, de la misma forma que ayer, pues hoy, sé algo que ayer no.

Por contradictorio o paradójico que parezca, el hombre es un ser anti-natural por naturaleza, y en esa actitud, se resiste al cambio; envejecer es natural, y tratamos de evitarlo a toda costa; morir es natural, y encaminamos todos nuestros esfuerzos a erradicarla. Por naturaleza, nos gusta ir en contra de esta.

Si entendiéramos el cambio como algo natural, el trabajo artístico debería ser perpetuo cambio, pero no lo es, pues somos seres antinaturales y en realidad tenemos que hacer un esfuerzo para cambiar; extraño, ¿no?, o tal vez no lo sea tanto, considerando el sin número de factores sociales y culturales que nos afectan.

En un mundo artificial, es difícil ser natural y acabamos viviendo en el artificio de lo inerte, de la quietud, de la costumbre.  

 

EL Ser Abstracto                                                                                                  Inicio

A pesar del auge que el Arte abstracto tuvo y tiene desde inicios del siglo XX,  da la impresión de que este, se sigue viendo en el general, de forma poco seria o más bien poco entendida.

En el colectivo, es decir en el general de las personas que carecemos de educación artística o apreciación de la misma, vemos el Arte abstracto con reservas. ¿Qué sucede con el arte abstracto que nos parece extraño o nos repele?

Por extraño que les parezca a muchos, la abstracción ha estado presente desde los inicios de la civilización. ¿Qué es lo abstracto? En una definición básica de diccionario, encontramos que Abstracto es lo que resume o concretiza a sus cualidades más esenciales una cosa o grupo de ellas 1.  El Hombre "primitivo" tenía una capacidad increíble para la abstracción, ¿por qué?

Siempre hemos pensado que la abstracción es un acto sofisticado y resultado de la evolución cultural; pensamos en el Arte abstracto, como Arte "moderno", pero en realidad es Arte "primitivo". El cerebro es el culpable, porque es así como funciona. La percepción que tenemos del mundo, es una percepción filtrada a través del cerebro; es decir, que todo lo que percibimos es una abstracción de la realidad. El Cerebro toma pedazos de información y las integra para que parezca un todo, pero no es un todo. El Cerebro nos permite "reducir" el mundo a sus cualidades más esenciales para poder interactuar con él y desempeñarnos mejor.

Cuando se le pide a un niño o inclusive a un adulto -que tenga pocas aptitudes para ello- que dibuje un rostro, probablemente dibuje un círculo con dos puntos, una línea recta y una hipérbola, formando así lo que para todos, es un rostro en sus puntos más elementales, y eso, es abstracción. Todos tenemos la capacidad de abstraer el mundo y de hecho lo hacemos todo el tiempo aunque no nos percatamos de ello.

El Hombre "primitivo" tenía mejor desarrollada esta capacidad, tal vez porque su cerebro era menos "sofisticado" que el nuestro. ¿A qué me refiero?  al hecho de que actualmente poseemos mayor información y nuestro mundo es más "complejo" y eso interactúa con nuestras aptitudes mentales y las afecta. Es decir, somos afectados por mucho más factores que el Hombre "primitivo" a la hora de tomar decisiones.

Conforme las sociedades se volvieron más "complejas" -las comunidades se volvieron más grandes, se especializó el trabajo, el hombre se volvió sedentario, etc.- el pensamiento también se volvió más sofisticado y eso se reflejó en el Arte. Lentamente pero de forma progresiva, fuimos perdiendo nuestro sentido natural de abstracción. Obviamente con ello también las necesidades de comunicación cambiaron - había que decir más- y el Arte cambió de acuerdo a esas necesidades.

¿Por qué decirlo simple, si puedes decirlo hermoso? El Hombre descubrió el agrado por los adornos y el Arte se llenó de "adornos", de elementos que pueden no ser indispensables -para la comunicación- y nos obsesionamos con ellos.

El resto, es historia. El Arte es lo que es, lleno de riqueza y exuberancia; pero hace más de 100 años, recordamos la vida en el útero y trajimos de vuelta nuestro sentido de abstracción. Y aunque  por lo explicado tenemos el instinto -de abstracción- y llevamos ya algún tiempo en " vuelta a lo básico", parece que aún tenemos problemas para interactuar con el Arte abstracto. Cientos de años de una rigurosa educación en que decir más con más, es más, ha hecho difícil la incorporación de lo abstracto al colectivo social.

Ya he mencionado las diferencias de lectura entre el Arte figurativo y el abstracto -véase La Pintura y su lectura- así que no voy a ondear en los vicios que hemos arrastrado al tratar de "leer" Arte abstracto; lo que quisiera más bien, es tratar de entender por qué en el pensamiento colectivo, después de tanto tiempo, seguimos viendo al Arte abstracto como un "sin sentido". Si ese es el caso, resulta que el Arte es una actividad "inútil" - véase El Lugar incomodo- y entonces se le exige al artista que muestre lo mejor -pues si vamos a tolerarlo...-. ¿Qué quiere decir esto?,  pues que muestre sus mejores facultades técnicas, y eso en el pensamiento colectivo -e ignorante- es pintar al igual que los grandes maestros del Renacimiento; porque, así de atrasados estamos.

Cuando enfrentamos al Arte -y en especial al abstracto-, llevamos con nosotros un montón de prejuicios para hacerle frente. "Es un montón de brochazos, seguro no sabe pintar"

¿Y qué es un prejuicio? Es eso exactamente, un juicio anticipado a la experiencia sensible y normalmente es resultado de la ignorancia. El prejuicio es un mecanismo de supervivencia, lo utilizamos para poder enfrentar al mundo, pues es mejor enfrentarlo con algún tipo de idea, que no tener idea. Ante cualquier cosa, ya tenemos un juicio previamente elaborado. "Es atractivo, debe ser tonto o superficial". Como estos -que tristemente es la norma en las relaciones humanas-, hay miles de ejemplos, incluyendo a los prejuicios en el Arte.

Normalmente, evitamos hacerle frente, al menos que sea Arte reconocido, es decir, que el tiempo y el general de la sociedad -respaldado por la crítica especializada- lo reconozcan. No solemos exponernos al Arte que "no entendemos".

No vamos a museos de Arte contemporáneo o galerías, pues están llenos a nuestro juicio -o ¿deberé decir prejuicio?- de ese Arte incomprensible. Pensarán, ¿cómo es posible que causa y consecuencia sean lo mismo? Porque es un círculo vicioso que empieza donde termina. Evitamos el Arte abstracto porque estamos llenos de prejuicios y no podemos terminarlos  porque evitamos exponernos al Arte abstracto. Para terminar con un círculo vicioso, hay que romperlo, y la única forma de romperlo es acercándonos al Arte que tanto evitamos.

No leemos a Shakespeare -por ejemplo- porque no le entendemos. Pero, ¿cómo vamos a empezar a entenderlo si no lo empezamos a leer? La Vida en general, está llena de paradojas y círculos, y romperlos, requiere de esfuerzo y algunas veces de valentía, incluso.

A nivel Sociedad, Cultura, Sistema o como quiera llamársele, no se ha inculcado  el sentido de la diversidad. Podríamos tener la  impresión de que en estos tiempos somos más abiertos que antes, pero la verdad, es de hecho lo contrario; le tememos a lo diverso. Existe más diversidad, pero ésta se separa en grupos que no interactúan. En cierto sentido, es parte de nuestra naturaleza, nos auto- segregamos con aquellos con quienes tenemos cosas en común -lengua, color de piel, religión...la lista es interminable-. Otro mecanismo de supervivencia.

El Sistema, ha generado la idea de la "Lectura correcta", es decir, que todo, tiene una forma correcta de entenderse o hacerse y no deja espacio para el pensamiento diverso. En esta idea de la respuesta correcta, por miedo a quedar fuera o marginados, nos hemos vuelto una entidad que piensa y actúa igual. En concreto, tenemos miedo a expresar nuestra individualidad, por qué y, ¿qué tal si estoy equivocado? y el estarlo, genera exclusión.

 El Arte siendo diverso por naturaleza,  lo hemos contaminado con la idea de lo "correcto", así que cuando nos acercamos a este, ya vamos con la idea anticipada de, ¿qué querría decir el artista? ¡¿QUÉ IMPORTA LO QUE EL ARTISTA QUISO DECIR? ¿ACASO HAY EXAMEN AL FINAL?! Lo que el artista piense o pensó, no importa, ¡IMPORTA LO QUE PIENSE USTED!

¿Tenemos miedo a ser cuestionados y no saber que decir? Claro que tenemos algo que decir, pero tenemos miedo a no decir Lo "CORRECTO".

En Arte, no hay correcto e incorrecto, hay diversidad, en creación y en reacción -recreación.

¿Por qué pensamos en el pensamiento homogéneo, como si todos fuéramos la misma cosa? Es imposible que pensemos lo mismo, si como se dice: "Cada cabeza es un mundo".

Que el miedo generado por el sistema, a la diversidad y a lo incorrecto, no lo aleje del Arte. La única forma de romper los ciclos viciosos, es cambiando de actitud. Empezar a leer, escuchar, ver, lo que no entiendo o conozco del todo.

La próxima vez que se acerque al Arte -de cualquier tipo-, recuerde esto solamente, en el Arte no hay lecturas correctas y solo importa lo que piense o sienta usted.

1. En Arte, la definición de abstracto va un poco más lejos al incluir que Abstracto, es la ausencia de elementos reconocibles -figurativos.

 

Tener o no tener                                                                                                Inicio     

Tengo, luego existo. El sentido de propiedad es tan viejo como la humanidad misma; el concepto de ésta, es lo que ha cambiado a lo largo del tiempo, de los diferentes sistemas económicos y de acuerdo a las necesidades de la sociedad.

Aunque el concepto de propiedad puede variar y como he dicho ha cambiado, me centraré en dos conceptos: propiedad funcional y no-funcional.

La propiedad funcional como su nombre lo indica, tiene un propósito o función; por ejemplo, un sartén me permite preparar alimentos; unos pinceles, me permiten pintar; un auto, puede ser funcional pues me permite trasladarme al trabajo (aunque explicaré más adelante como éste puede  ser no-funcional también); son necesarios pues cumplen funciones directas o indirectas de sustentación. La propiedad no-funcional, carece de una función productiva; por ejemplo, joyas, no son necesarias pues no cubren o ayudan a funciones productivas específicas; dos autos ó tener más ropa de la que necesito ó ropa de diseñador; más de una casa ó una casa muy grande; ciertos aparatos electrónicos -consolas de juego, celulares, ipods- son propiedades que no tienen función directa -solo la tienen en potencia, pues puedo venderlas para comprar objetos funcionales-. Digamos que este tipo de propiedad, surge de una necesidad que va más allá del simplemente cubrir mis necesidades, sean biológicas, culturales o sociales; la "necesidad" del tener.

El Arte -como objeto-  cabe en este último tipo de propiedad pues no cubre con ninguna necesidad de subsistencia. Poseer Arte, no me alimenta o me viste; no fue hecho con esa función, aunque como otras propiedades del tipo, si tiene la potencia para proveerme de objetos funcionales en caso de necesitarlos, por su valor de mercado.

Habiendo señalado el tipo de propiedad que es el Arte, me pregunto si el que lo posee tiene algún tipo de responsabilidad con este, porque no olvidemos que algunos tipos de trabajo son únicos, son irrepetibles. ¿Tenemos alguna responsabilidad al ser propietarios de Arte único?

Desde hace más de 100 años, la mayoría de los objetos -funcionales o no- son de producción en masa, por lo tanto, nos cuesta trabajo entender la idea de lo único. Aún nuestro pensamiento y conductas se han vuelto homogéneos y poco originales, gracias a la globalización.

Las razones para adquirir Arte pueden ser diversas, como el de la inversión; o porque es para algunos (cada vez menos) indicador de status económico o cultural; o por Herencia, normalmente familiar; o porque se valora la idea. Sean cuales sean las razones por las que se adquiere Arte, también se adquiere una responsabilidad; la responsabilidad de preservar algo que es único. Tal vez es mucho pedir, cuando tenemos dificultad para preservar nuestro medio ambiente, especies animales o la vida humana misma.

Si hemos perdido el sentido de responsabilidad, y no nos hacemos responsables de nada, pedir responsabilidad para con el Arte, es risible -creo que hasta mí me da risa-.

Aún así, creo en esa responsabilidad adquirida; así que si se va adquirir Arte, debe ser por las razones correctas y en esa medida la responsabilidad no se sentirá como algo impuesto.

Y, ¿cuál es esa razón? A mi parecer, la razón para poseer Arte debe ser la de valorar la idea. Ese vínculo que se forma entre obra y recreador -simpatía-; un diálogo que se inicia, y da la promesa de continuar, siempre en movimiento. Por ejemplo, nadie compra un CD de música que no le gusta -al menos que sea para regalo-, compra el CD por simpatía. 1

El Arte, sea de un artista reconocido -con obvio valor de mercado-, o de un artista emergente o sin reconocimiento, la responsabilidad es la misma; ¿por qué?

Bueno, en primer lugar hay que pensar que el artista aunque trabaja para sí -el Arte es una actividad muy egoísta- no pretende que su obra se desconozca. Por cursi que se escuche, nadie enciende una vela para iluminar un cuarto donde no hay nadie.

El fin del Arte y el artista lo entiende así, es que éste sea público; y si el fin del Arte es que sea público, entonces el poseedor de éste, tiene la obligación de garantizar que así sea. Ser poseedor de Arte, significa que debe garantizar la sobrevivencia de la obra en la medida de lo posible. Garantizar su existencia, significa solo mientras ésta, se encuentre en su poder y al desprenderse de ella (venderla, regalarla, donarla), la responsabilidad pasa junto con la obra.

Posiblemente, hablo de una situación ideal en la que de veras existe el compromiso del poseedor, pues dicho compromiso surge de un auténtico interés de proteger la obra -por eso creo que el adquirir Arte debe ser un acto simpatía o al menos empatía-. En el mundo real, la situación es distinta; al sentirnos "dueños" de algo, pensamos ser poseedores del destino de aquello que poseemos y con el derecho de hacer con lo que tenemos lo que se nos antoje. He visto obras de Arte original terminar en la basura -caso resiente, se encontró un Tamayo en un basurero en NY, si mal no recuerdo-. ¿Alguna vez se ha visto que alguien compre un TV de plasma, para después tirarlo a la basura? Mostramos más responsabilidad con artículos de manufactura industrial que con el Arte original.

Si algún aparato se descompone, primero tratamos de encontrarle reparación, antes de pensar en tirarlo, pero con el Arte no tenemos el mismo respeto -cuando no existe simpatía-; si la obra es de un artista emergente o desconocido -o lo desconocemos por ignorancia- y no es ni siquiera antiguo, no tenemos ningún problema en deshacernos de él sin remordimiento.

Consideramos al Arte -objeto- como inútil, sin función, sin fin alguno; no le vemos caso siquiera a la idea de poseerlo, excepto que tal vez se tenga el dinero para ello y no se sepa que hacer con tanto - y se convierta en un mero artículo decorativo -, pues en estos tiempos, tener Arte ya no es indicador de status, pues se prefieren otros artículos que podamos transportar y presumir y además creemos funcionales, pero no lo son, como autos de lujo, ropa de diseñador, ipods, celulares, consolas de juego, etc. Así que la adquisición de Arte, se reserva para los conocedores u coleccionistas, que en muchos casos hacen esto no por simpatía sino por considerarlo una inversión; y como buenos inversionistas, ponen sus inversiones a trabajar. Venden y compran y vuelven a vender, no existen ataduras entre ellos y su inversión. Una pintura, escultura, grabado, etc., es como el activo de una empresa.

Debo decir, que esto último, tampoco es tan terrible, pues garantiza la sobrevivencia de la obra y eventualmente, ésta puede encontrar a alguien que desee conservarla por simpatía.

El Arte a diferencia de otros tipos de propiedad no-funcional -como los artículos de lujo- puede usarse en la construcción del ser. Cuando la obra se adquiere por simpatía, el vínculo que se crea entre la obra y el propietario -vínculo de recreación- puede llegar a constituir un elemento importante en nuestra propia definición -quién soy, a donde voy-2. .Aunque se pueden generar vínculos con artículos no-funcionales, normalmente son enfermizos, como el "amor" a un auto; estos vínculos no generan el tipo de comunicación que sí generan los vínculos con el Arte -aunque este, tampoco está libre de generar sentimientos enfermizos-.

Por todo lo dicho, creo que como compradores de Arte, debemos asegurarnos de hacerlo con conciencia, pues al adquirir Arte original, se lleva el compromiso de conservarla por el tiempo que esté en nuestro poder y permitir que el fin social de éste, se cumpla.

1. El caso de la música o la literatura, son distintos al Arte plástico, pues el artista nunca pierde la propiedad de lo que crea. Estos no caen en la categoría del arte como objeto, ambos, son artes de pensamiento, de reproducción, y no se puede poseer -físicamente- la idea de otro.

2. Todas las Artes -música, literatura, cine, danza, teatro, etc.- pueden participar en la construcción del yo

 

El mundo de las mil voces                                                                               Inicio

 

Buscamos el balance en nuestras vidas; creemos que existe una fuerza natural que crea perfecta armonía entre las partes. Equilibrio en aquello que somos y hacemos.

El balance o equilibrio, realmente existe en la naturaleza; como una especie de inteligencia -tal vez lo sea-, el mundo natural tiende  a buscar o mantener el equilibrio. Equilibrio, es el estado de un cuerpo sometido a fuerza que compensan o se destruyen recíprocamente; contrapeso entre cosas diferentes. Este, se presenta en todo tipo de fenómenos químicos, físicos, biológicos e inclusive, podemos pensar que en lo social también, pues la sociedad se comporta como un organismo que busca asegurar su existencia.

Si pensamos en el equilibrio como un estado ideal, en la creación artística se buscaría el balance entre las decisiones y las emociones. ¿Cuanto se piensa y cuanto se siente?  ¿vísceras o cerebro?

Niño y obrero, existen en la misma persona. El obrero es adiestrado, conoce su trabajo pues ha sido entrenado o la experiencia y el trabajo le han dado tal destreza sobre lo que trabaja. El niño, no es diestro, ni sabe, ni entiende; no tiene noción de nada, a todo se atreve, todo lo entusiasma. A la hora de crear, ambos tienen palabra.

Como sabemos, el cerebro tiene dos hemisferios, el izquierdo es el lógico y el derecho es el del pensamiento intuitivo. Aún en el diseño de nuestro cerebro, existe la noción del equilibrio.

En teoría, se supondría que en la medida que usamos nuestros hemisferios, nuestras aptitudes irán en la misma medida. Por ejemplo, yo, soy zurda, así que el hemisferio que me "domina" es el hemisferio derecho. Sería muy razonable para muchos que sea pintora -o estuviera involucrada en alguna act. artística-,  pero al decir que durante algún tiempo estuve involucrada en una actividad científica -Arqueología, ciencia o disciplina social-, ya no parece tener sentido. Durante algunos años en la Arqueología, el pensamiento lógico rigió mi vida.

En realidad, el cerebro no es tan tajante -gracias a Dios-, pues si lo fuera, solo los zurdos tendrían aptitudes e inclinaciones artísticas, mientras que los diestros solo tendrían pensamiento analítico. Sea cual sea el hemisferio "dominante", existe un equilibrio en nuestros actos; no somos del todo locos, ni del todo profesores. De alguna forma, ambos viven y conviven bajo el mismo techo sin problemas -creo.

El creador artístico, es la expresión del uso de ambos hemisferios. El hábil obrero, sabe como hacer, y el niño, sabe que hacer. Sonaría que es fácil y que ambos se ponen de acuerdo muy fácilmente, pero no es así; es como escuchar una discusión a gritos en medio de una multitud de ruidos u otras voces. Tratar de escuchar la discusión, es parte del problema del creador.

Escuchar la discusión, es solo el principio, después, es darle coherencia. Dicha coherencia en el arte, significa prestar atención.

¿Quién debe mandar, el obrero siempre calificado, o el niño, siempre dispuesto? ¿El arte como en la naturaleza, busca el equilibrio?. ¿Debe el arte se perfecto balance?. ¿Debe el artista buscarlo? o ¿Existe realmente?

Pensamos en el equilibrio como un estado armonioso, pero en realidad no lo es, pues es la confrontación de fuerzas que van en sentidos opuestos; mantienen el sistema en tensión debido a ello. El equilibrio se mantiene hasta que algo desestabiliza a alguna de las fuerzas y entonces se desbalancea el sistema -una fuerza es superior a las otras-. Rara vez ocurre en el mundo natural, al menos que intervenga el hombre, por supuesto.

Volviendo al arte, pongo un ejemplo. La obra de Henri Matisse aunque parece espontánea y despreocupada, casi la obra de un niño para muchos, en realidad es el resultado de horas de discusión y correcciones -el pulcro trabajo del obrero. Se sabe que hubo alrededor de 50 modificaciones del Desnudo rosa, 1935-. Tal vez Matisse lo sabía o no, pero el Desnudo rosa se encontraba en medio de la tensión originada por el equilibrio.

En este asunto de la discusión, se me olvidaba la participación de otro interlocutor, la obra. Cada obra tiene su propia voz o por decirlo así, su propio punto de vista de adonde quiere ir, y al final de cuentas ni niño, ni obrero, tienen la última opinión, es la obra. Ella es quien da la última palabra y decide el camino a seguir; pues aunque no lo crea, también el creador es empleado del mismo patrón.

En realidad el creador no debe de preocuparse por el rumbo que tome la discusión; quien tiene la razón y quien no, lo mejor es dejar que las cosas sucedan. Cada obra determina como quiere ser y en ello estará el desarrollo de la conversación.

Por lo dicho, pareciera que el proceso creativo es una situación de caos, donde no hay orden; y debo admitir que en parte así es. Si no lo entiende, es porque nunca ha intentado darle forma a algo. El resultado de tal caos, pareciera estar destinado a ser el monstruo de Frankenstein y tal vez así lo sea, pero, ¿acaso este monstruo al fin y al cabo no cumplió su propósito? ¿Estar vivo?

El Arte es vida, sea bello o no; y los monstruos están llenos de vitalidad. El monstruo de Mary Shelley, vivía a pesar de las partes, y eso es equilibrio.

Ahora, si a Victor Frankenstein su obra se le salió de control, es común que también suceda en el arte. No debemos temerle a que esa monstruosidad -compuesta de tantas partes-  se revele contra nosotros, olvide quién fue su creador y se vaya en busca de su razón de existir y su destino.

Tal vez sea un acto de magia, pero para el creador escuchar las muchas voces en su interior, no es una cacofonía.

Es cierto. Requiere de tiempo y mucho trabajo aprender a escuchar la armonía detrás de tanto caos; afinar el oído, aprender a escuchar las palabras entre tanto ruido; oír lo que el niño tiene que decir, lo que el obrero opina, lo que la obra busca y lo que uno quiere. El tiempo hace de uno un buen escucha y algo de moderador.

El esquizofrénico, escucha todas sus voces, todas tienen algo que decir; el truco consiste en hacer que cuando hablen, hablen en tiempos y consentido. Todos quieren tener el control, pero solo la obra sabe lo que busca -sino, pregúntenle al monstruo de Mary Shelley.

Creo en el equilibrio, solo porque lo entiendo como tensión. Mientras todos quieran llevar la obra en distintas direcciones, existirá el equilibrio y por lo tanto la obra estará llena de vida.

¿Debe ser intencionada la búsqueda del equilibrio? Como dije antes, si se deja que fluya la discusión entre las partes, no tiene en realidad que ser  consiente, pues ya está sucediendo. Si no forzamos el proceso -como ver por otros intereses, más allá de la obra en sí- este equilibrio -fuerza que parece regir el universo- sucede por si solo, como por arte de magia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

   

 

 

 

 

   

 

 

 

 

     

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La última actualización de este sitio fue el: 09 de July de 2008